Con el objetivo de entregar ejemplos y soluciones concretas para la mantención de parques, plazas y jardines en medio de la sequía que vive el país, Corporación Ciudades junto a Fundación Mi Parque presentaron la guía “Eficiencia hídrica en áreas verdes: buenas prácticas». Hasta un 75% se puede reducir la frecuencia de riego al integrar tecnologías de retención de agua, como lo realizado en San Miguel.
Desde el Parque Inundable Víctor Jara en la comuna de San Miguel, el director ejecutivo de Corporación Ciudades, Martín Andrade junto al director de Fundación Mi Parque, Juan Ignacio Díaz, presentaron los resultados del trabajo realizado al analizar las buenas prácticas de más de 20 organizaciones que han modificado el diseño y mantención de parques, plazas y antejardines para disminuir el consumo de agua.
En algunas regiones como la Metropolitana, más del 30% del uso de agua está vinculado al consumo humano, incluyendo el riego de plazas y jardines. La guía “Eficiencia hídrica en áreas verdes: buenas prácticas” recogió diversos ejemplos en tres grandes ámbitos de acción diseño y mantención; estrategias educativas hacia la ciudadanía; y normativas y planificación, que pueden ser replicados a lo largo de Chile.
Este trabajo de recopilación fue entregado de manera simbólica a la alcaldesa de la comuna de San Miguel, Erika Martínez, como una manera de reforzar su disponibilidad para municipios u otras organizaciones del país que se dedican al diseño y mantención de áreas verdes.
“La cobertura vegetal de Chile es muy desigual. En una misma región puedes tener comunas con sobre 60%, mientras que otras no llegan al 5%, dificultando el acceso a parques y áreas verdes para gran parte de la población. Por eso no solo es esencial la planificación urbana, sino que con esta guía también queremos aportar con ejemplos concretos y comprobados para crear espacios de bajo consumo hídrico para facilitar su mantención”, explicó Martín Andrade, director ejecutivo de Corporación Ciudades.
La guía es un documento interactivo –disponible de manera gratuita aquí donde se presentan soluciones que ya se han implementado, con enlaces a ejemplos y tutoriales. Algunas de las iniciativas que se destacan son el uso de gel para retener agua, lo que pude disminuir al menos en un 50% el riego; la reutilización de aguas lluvias para regadío; la reducción de zonas de pasto, y su reemplazo con especies de menor consumo; e incluso la elaboración de manuales para entregar a la población con consejos y sugerencias de diseño de espacios verdes.
Por su parte, desde Fundación Mi Parque, explicaron que “Históricamente, muchas de las áreas verdes en Chile se han desarrollado siguiendo referentes de contextos climáticos y naturales muy distintos a los territorios en los que se insertan, prevaleciendo a menudo el carácter estético y funcional por sobre el ecológico. El cambio climático y la creciente desigualdad nos obligan a transformar nuestras prácticas de forma urgente, desde el riego de antejardines, pasando por el diseño y mantención de plazas de barrio, hasta la construcción y mejora de grandes parques, entre otras. La buena noticia es que existen herramientas, conocimiento y tecnologías para avanzar hacia ciudades atractivas, sustentables y con más espacios de contacto con la naturaleza”, explica Juan Ignacio Díaz, director ejecutivo de Fundación Mi Parque.
“En el sector sur de la ciudad tenemos un déficit de áreas verdes, las que tienen un rol fundamental en el día a día de nuestros vecinos. Por eso, en San Miguel ya hemos incorporado tecnología en el 40% de nuestras plazas para reducir el consumo de agua, y así poder trabajar para ir aumentando y mejorando la cobertura de parques y plazas”, agregó la alcaldesa de San Miguel, Erika Martínez.
Para la realización de esta guía, se trabajó con más de 20 entidades de diversos tipos, como municipalidades, universidades, y ONG entre otras, quienes aportaron con evidencia y estudios que permitan disminuir el uso de agua en áreas verdes.
En Chile, una familia puede desperdiciar 63,3 kg de pan anualmente, es decir, el 16,7% del consumo promedio de la población nacional. Luis Sáez, académico del Departamento de Gestión Agraria USACH, entrega cinco consejos para disminuir el desperdicio de alimentos: «Se ha inculcado a la población que la calidad se relaciona con lo uniforme y lo grande».
Según la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y Alimentación (FAO), 1.300 millones de toneladas de alimento son desperdiciados al año. Cifra que equivale a un tercio de la producción global y que podría alimentar a 2.000 millones de personas.
Un estudio realizado por la Universidad de Santiago da cuenta de la realidad nacional. En Chile, alrededor de 99 millones de unidades de lechuga y 58 mil toneladas de papas se pierden cada año. En relación con el consumo doméstico, una familia puede desperdiciar 63,3 kg de pan anualmente, es decir, el 16,7% del consumo promedio en la población nacional. Luis Sáez, académico del Departamento de Gestión Agraria USACH, señala que el problema es más profundo: “Se ha inculcado a la población que la calidad se relaciona con lo uniforme y lo grande. Bajo ese concepto de calidad, aquellos productos que no sigan sus parámetros son desechados».
Frente a este escenario, Sáez entrega cinco recomendaciones para disminuir los desperdicios de alimentos desde el hogar:
1) Planificar tu alimentación:
Antes de ir al comercio, revise los productos que ya posee y planifique sus comidas. Una vez en el comercio, aténgase a las compras impulsivas y no caiga en la tentación de las ofertas si sobrepasa su consumo habitual.
2) Lo “feo” también es bueno:
No juzgue los alimentos según su apariencia. Millones de frutas y verduras son desperdiciadas por incumplir con parámetros estéticos o por su madurez. Estos últimos son perfectos para preparar batidos, jugos, sopas, postres y conservas.
3) Almacenar los alimentos de la forma correcta:
Ya sea en el refrigerador o en la despensa, organice sus productos de tal manera que los más antiguos queden al frente. Utilice contenedores herméticos para mantener los alimentos frescos, asegúrese de cerrar los paquetes y considere en qué condiciones deben ser almacenados los productos.
Reconozca los vegetales que liberan etileno, gas natural responsable de la maduración de frutas y verduras y responsables de que cambien su aspecto. Es importante que almacenes las productoras de este gas como: la cebolla, tomate, manzanas y paltas por separado. De este modo evitarás la maduración de los demás vegetales.
Por último, en caso de tener frutas y verduras maduras y que excedan su consumo habitual, puede convertirlas en conservas, congelarlas, compartirlas o donarlas.
4) Revalorar los alimentos: Los tallos, hojas y cáscaras de frutas y verduras también poseen un excelente valor nutricional. Por ejemplo, puedes cocinar “mechada” de cáscaras de plátano; pesto con hojas de zanahoria y hummus de tallos de brócoli. Aprovéchalos y saca a relucir tu creatividad en la cocina.
5) Calcular las porciones:
Sirve porciones más pequeñas en casa y comparta platos más grandes en restaurantes. Si no come todo lo que cocina o pide, puede congelarlo para más adelante o utilizarlo como ingrediente en otra preparación.
Gracias al retiro de más de mil 700 kilos de material, construyeron una decena de estructuras sustentables para faenas mineras, agrícolas y de construcción. La empresa toma estructuras en desuso para diseñar soluciones de iluminación, televigilancia y comunicación, que ahorran al año $10 millones y 173 litros de combustible.
La startup chilena Be Energy evitó la emisión de 165 toneladas de monóxido de carbono (Co2) a la atmósfera al recuperar más de mil 700 kilos de chatarra industrial. Este material –extraído de máquinas a diésel utilizadas para comunicación, vigilancia e iluminación de las faenas, deterioradas o en desuso– les permitió reciclar más de 220 kilos de fierro en buen estado para construir torres fotovoltaicas.
El proyecto, que partió en noviembre de 2020 como una solución temporal ante el retraso en las cadenas de suministro de repuestos, les permitió abrir una nueva línea de negocios y sellar acuerdos con grandes empresas del rubro minero, de la construcción y la agricultura, según comenta su gerente general, Gonzalo Vidiella.
“Nos empezamos a quedar sin los principales materiales para nuestros procesos debido a las demoras de importación: chasis, ejes y mástiles para las torres solares para vigilancia, comunicación e iluminación. Básicamente, en respuesta a ese problema, comenzamos a mirar estas estructuras deterioradas o en desuso, y que aún tenían parte que podían recuperarse para construir las nuestras”.
Cada una de las plataformas solares diseñadas por Be Energy logra ahorrar hasta $10 millones al año en costos asociados a combustible y mantenimiento, y evitar el uso de 173 litros de combustible en el mismo período. A diferencia de las torres a diésel, una torre fotovoltaica tiene hasta tres veces su vida útil, y de hecho su estructura tiene garantía de por vida. Otros componentes de los circuitos tienen resguardo por entre 5 y 15 años.
Desde noviembre del año pasado, cuando partieron con la propuesta, han logrado construir diez plataformas, y proyectan sumar otras 24 de acá a fines de 2022. Vidiella destaca que la respuesta de las empresas –en su mayoría, corporaciones de la gran minería nacional– fue muy positiva, ya que la idea les permite dar una segunda vida a sus cementerios industriales y disminuir su huella de carbono.
“Muchas de estas empresas, principalmente en el norte del país, tienen verdaderos cementerios de máquinas en sus faenas. Lo que hacemos, con los principios de la economía circular y en busca de contribuir al carbono neutralidad del país en las próximas décadas, es sacarles el motor y todas las piezas aún útiles, reacondicionarlas y transformarlas en una unidad fotovoltaica, que regresa a manos del mismo cliente”, afirma el ejecutivo de Be Energy.
El proceso de recuperación contempla varias etapas. Parte con el retiro de las maquinarias de las faenas y continúa con la revisión de las mismas en la fábrica de la startup, en la Región Metropolitana. Se trata de una verdadera “cirugía” para evaluar qué parte aún son útiles y si es posible mantener las estructuras o requieren de un rediseño. “Lo que hacemos es casi destriparlas, retirar todo lo que tiene que ver con la combustión interna, los estanques, cables, conductos y filtros, manteniendo todo lo que es fierro”, añade.
Con todos los “órganos” de las máquinas ya retirados y clasificados, se decide cuáles pueden tener alguna utilidad. La estructura principal, de fierro, es limpiada en profundidad y luego se empiezan a montar, soldar y eventualmente reparar todas las piezas (algunas nuevas y las que pudieron mantenerse de las originales, como los ejes y chasis). Finalmente, la mano de obra final: galvanizado, pintado (la misma que se usa para barcos) e instalación de accesorios de seguridad (como el cortacorriente, cuñas o las barras Cooper).
“Uno de los últimos pasos es el montaje de la tecnología fotovoltaica: el banco de batería, las se arma el tablero eléctrico, panel solar y luego, dependiendo de su uso, luminarias, cámaras de vigilancia o antenas de comunicación. Hoy, por ejemplo, estamos trabajando con dos máquinas de tecnología alemana, que podrían reacondicionarse, aunque ya ni siquiera llegan a Chile. El proceso total, desde el retiro a la instalación de la nueva estructura, toma en promedio cerca de 30 días”, resume el ingeniero.
Algunas de las corporaciones con las que están colaborando para dar un nuevo uso a sus maquinarias industriales son Antofagasta Minerals, SQM, el Grupo Acciona y la constructora Echeverría Izquierdo, entre otras. Además, el distribuidor oficial de Be Energy es la compañía proveedora de equipos industriales Beka, perteneciente al Grupo EMIN.
Gonzalo Vidiella cree que políticas públicas como la nueva Ley Marco de Cambio Climático podría incrementar el interés por avanzar en soluciones innovadoras para el suministro energético en diversas industrias. Cada una de las máquinas sacadas de circulación emite más de 20 mil 500 kilos de Co2 al año (los acuerdos con las empresas consideran el retiro, transporte y bodegaje de estas torres en desuso o deterioradas).
“Queremos sumarnos a los esfuerzos que el país está haciendo para conseguir la carbono neutralidad, y consolidarnos como un aliado para que empresas cumplan con este propósito. Chile tiene un enorme potencial para esto, pues somos líderes en reservas de recursos como el cobre y el litio, y además uno de los que mayor potencial de generación de energía solar tiene. Las compañías con las que estamos trabajando lo perciben como un desafío muy motivante, y están invirtiendo con entusiasmo en nuestra idea”, concluye.
A nivel mundial, aproximadamente el 73% de todos los residuos textiles acaban en vertederos o se incineran. El desierto de Atacama se ha convertido últimamente en un símbolo de la aceleración del poco uso de la ropa y del auge de los residuos textiles. Cada año terminan en vertederos 21 millones de toneladas de ropa, siendo nuestro desierto el segundo vertedero más grande del mundo, recibiendo aproximadamente 39 mil toneladas de ropa al año.
Una investigación global de la compañía sueca Electrolux, líder mundial en línea blanca y electrodomésticos, ha recogido datos muy relevantes sobre la relación del consumidor con su ropa. El estudio revela que usamos, en promedio, solo 10 veces una prenda y nos deshacemos de ella mucho antes de lo necesario. El estudio también destaca que el 25% de la huella de carbono de la ropa se produce en el proceso de cuidado en casa.
Por tal motivo, Electrolux se asoció con el dúo de diseñadoras suecas Rave Review, conocido por sus coloridas colecciones de ropa reciclada de alta costura, para lanzar una campaña donde realizarán la primera colección de moda reciclada del desierto de Atacama, con el objetivo de dar nueva vida a la ropa desechada que se recupera del cementerio de ropa, con el objetivo de generar conciencia respecto del cuidado del uso de la ropa y animarlos para que puedan adoptar prácticas de limpieza más sustentables: lavar menos, tratar más con vapor, lavar a carga completa y a temperaturas más bajas.
“La conversación con los consumidores intenta hacer del hogar un mejor lugar para vivir, fomentando el consumo consciente y abriendo un diálogo sobre cómo podemos hacer un mejor uso de los recursos. Con nuestra campaña global #BreakThePattern, queremos que nuestros consumidores recuerden que la ropa más sustentable es la que ya tenemos en los armarios. Debemos ponernos cada vez más en el papel de protagonistas del importante aporte que podemos hacer y tomar conciencia del impacto que nuestras elecciones generan en el medioambiente. Se trata de reflexionar y ser más conscientes de lo que hacemos y cómo lo hacemos, y a través de la educación romper patrones y sesgos de lo que ya no sirve en tiempos en los que necesitamos ser cada vez más colectivos e interdependientes”, señaló Ana Peretti, directora de marketing de Electrolux Latinoamérica.
El desarrollo sostenible es transversal a todas las industrias, a todo rubro, la sustentabilidad es un camino de largo plazo y se debe construir con acciones concretas de corto plazo, “demostrando nuestra evolución como empresa y con nuestros productos, de manera transparente a nuestros consumidores. Creemos fuertemente que podemos marcar la diferencia, porque durante las labores domésticas, podemos ayudar al planeta”, comentó João Zeni, director de Sustentabilidad para Electrolux América Latina. Y agrega que, “Todos los productos de Electrolux de América Latina se producen en fábricas que utilizan electricidad 100% renovable y cuentan con varias certificaciones ambientales como ISO14001 (medio ambiente), ISO50001 (gestión de energía) y la certificación Zero Landfill (cero basura al vertedero).
Esta startup ofrece cinco propuestas a sus clientes y trabaja en la innovación de productos ecológicos para pymes y grandes empresas. Además, ganó el premio “Emprendedor Revelación 2021”.
Ecopacks, startup chilena surgida en la pandemia innova el mercado chileno con sus bolsas sostenibles que se biodegradan en 180 días aproximadamente, sus productos están hechos de almidón de maíz y está certificado por la TUV Austria por su responsabilidad ecológica. Hoy cuentan con cinco productos enfocados en las necesidades de las pymes y empresas, quienes son sus principales clientes.
“Nuestras bolsas para envíos compostables tienen certificación de compostaje industrial y domiciliario, lo que es importante porque, en muchas ocasiones, no se entiende bien qué se puede hacer con un producto así especialmente en el hogar. De hecho, estas bolsas se pueden eliminar botándolas en la compostera de una casa directamente donde se biodegradan en 180 días y se convierten en abono para las plantas”, así las describe Cristóbal Santa Martín, co-fundador y actual CEO de Ecopacks.
Cristóbal San Martín comenta que los orígenes de este negocio surgieron por la Ley Chao Plásticos, la cual rige en nuestro país desde 2019. Ésta, en un comienzo, solo aplicó al retail y luego en 2020 al comercio minorista, en una época donde la pandemia aún estaba presente y la venta electrónica vivía un crecimiento nunca antes visto.
Dentro de ese contexto y contingencia, en septiembre de 2020, se lanzó Ecopacks al mercado con su primera solución hecha de almidón de maíz, la que fue generando más adeptos debido a sus propiedades naturales y semejanzas con las bolsas convencionales derivadas del petróleo.
El principal apoyo en el comienzo de Ecopacks fue UDD Ventures quienes lo acompañaron desde sus inicios para su fortalecimiento y desarrollo, además les entregaron diversas herramientas en la fase inicial del proyecto los cuales permitieron que fuera todo un éxito.
Es así que, después de un año, Ecopacks ganó el premio Emprendimiento del año, entregado por Corfo, en la categoría “Emprendedor Revelación 2021”.
Sobre este reconocimiento el CEO de Ecopacks comentó que, “este premio resume y corona perfecto nuestro primer año, lleno de esfuerzo y un crecimiento exponencial, donde logramos que gran una cantidad de empresas en Chile y Latinoamérica tengan acceso a un packaging sustentable. Es un orgullo contar con el apoyo de Corfo y no nos vamos a detener hasta darle a cada empresa un sustituto ecológico para sus envíos”.
Una meta que lograron cumplir. Hoy Ecopacks ofrece cinco propuestas a sus clientes —Ecopacks, Ecopaper, Ecofill, Ecobags y Ecostickers— y continúan trabajando en la creación de productos ecológicos para pymes y grandes empresas.
“Con Ecopacks es posible empacar y realizar diversos envíos, desde joyas hasta humus de lombriz, sustratos y tierra. Una de las principales características de las bolsas es que son totalmente impermeables y pueden resistir grandes pesos. Otra cosa que las distingue es el olor, pues por más que el producto haya pasado por un proceso industrial para su fabricación, mantiene un aroma similar a cabritas, debido a su composición de maíz”, afirma San Martín.
Cambios de hábito y de consumo
Cristóbal San Martín explica que su negocio responde a los cambios de hábito en la vida de la gente. Personas comunes y corrientes, como cualquiera de nosotros, que seguramente ya tenemos adquirida la separación de plásticos, vidrios y papeles, pero que ahora nos preocupa la gestión de residuos orgánicos, los que suelen liderar los desechos presentes en un hogar. Bajo ese marco, otro asunto importante para el CEO de Ecopacks es cómo el mercado y las empresas también se han adaptado a este tipo de soluciones e, incluso, las han hecho propias. “Muchos de nuestros clientes buscan que estas bolsas compostables sean parte de la comunicación de su marca y de su espíritu, es decir, sustentables. Nosotros los apoyamos en el desafío con nuestros productos y también con ofertas de personalización, pues desde las 50 unidades pueden imprimir su logro frente a la bolsa”, cuenta el CEO de Ecopacks.
El último asunto no es uno menor, detalla San Martín, y empaques porque, si eso ocurre, pierden su condición de compostabilidad.
Para San Martín, este tipo de prácticas y obligaciones promueven mayor conciencia, tanto en sus clientes como en los usuarios finales, ya que establecen marcos para asegurar la procedencia sustentable de lo que consumimos. Desde esa lógica, asegura que los chilenos somos próceres regionales en materia legislativa y cultural, en pos de una sociedad más responsable con los residuos.
“Un punto importante es evitar que las empresas se aprovechen de la tendencia sustentable para hacer ‘pasadas’, pues hay veces que solamente quieren que el empaque diga compostable y listo. Y la verdad no basta con eso, hay que indagar más. Tener más preocupación. Algo que en Chile efectivamente se está haciendo. Desde Ecopacks vemos que hay un cambio de paradigma, respecto a cuestionarse sobre qué hay detrás de esto, o qué me están vendiendo como ecológico, y si eso es realmente una solución para los problemas ambientales”, puntualiza.