Por Sebastián Carvallo, subdirector de Producción Sustentable de la Agencia de Sustentabilidad y Cambio Climático (ASCC).
Desde que comenzaste a leer esta columna, demorarás alrededor de dos minutos en llegar al final. En ese tiempo, en Chile se habrán generado 76 toneladas de residuos que irán a parar a vertederos o rellenos sanitarios. Somos uno de los países de Latinoamérica que más basura genera, cerca de 20 millones de toneladas al año. ¡No es sostenible!
Una herramienta fundamental para hacer frente a esta emergencia es la Ley 21.368 que regula la entrega de plásticos de un sólo uso y las botellas plásticas, promulgada en agosto del 2021 y que actualmente se encuentra en la segunda etapa de implementación.
En la primera etapa, que comenzó en febrero del 2022, se prohíbe la entrega de plásticos de un sólo uso, principalmente para el sector gastronómico. Así, se dio paso a los productos diseñados para ser compostados a nivel domiciliario o industrial y que estén certificados por el Ministerio del Medio Ambiente. La segunda etapa se inició en agosto pasado, obligando a los comercios a ofrecer y recibir botellas retornables.
Hoy, nos encontramos a unos meses de la entrada en vigencia de la tercera etapa de la Ley. A partir de agosto del presente año quedará prohibida la entrega de cualquier producto de un sólo uso destinado al consumo dentro de los establecimientos de expendio de alimentos que no sea reutilizable, independiente de si es plástico o no. Leyó bien, ya no hablamos únicamente de plástico, sino de todos los productos que se usen una sola vez.
Esta tercera fase es sin duda la más desafiante. Lo que para los consumidores será un ajuste, para las empresas gastronómicas se trata de un esfuerzo muy significativo que como sociedad debemos valorar. Habrá que modificar infraestructura, incorporar costos nuevos y educar a los clientes. Sin duda es una tarea muy difícil, pero extremadamente necesaria. Sabemos que en la industria las realidades de cada establecimiento son distintas y es importante que la normativa contemple esas diferencias.
Ya no se trata de que una cuchara esté libre de plástico y sea compostable, ahora debemos velar como sociedad que esa cuchara no termine en un vertedero, bajo toneladas de basura, transformando su descomposición en metano, un gas de efecto invernadero más dañino que el CO2. Si es compostable, habrá que compostarla. Suena simple, pero requiere de la coordinación de diferentes actores, la creación de mercados secundarios para estos productos y un aumento de la conciencia social.
Chile ha sido pionero en la región al implementar regulaciones significativas para la gestión de residuos. Además de la ley que regula la entrega de plásticos de un sólo uso, se suma la de Responsabilidad Extendida del Productor. Al mismo tiempo, existen proyectos de ley destinados a facilitar la valorización de los residuos orgánicos, promover el trabajo de prevención y reducción de las pérdidas y desperdicios de alimentos, así como iniciativas para la gestión de residuos en sectores como la construcción y textiles, entre otros.
No me extiendo más, porque el cronómetro sigue corriendo y las toneladas de residuos se siguen acumulando. La triple crisis ambiental parece inevitable, pero estoy convencido de que el trabajo público privado coordinado, serio y con altura de miras permitirá hacerle frente de forma responsable y justa.
De acuerdo al estudio de Asipla, correspondiente al 2022, la producción de plástico reciclado alcanzó las 106 mil toneladas, con una capacidad instalada total disponible para llegar a las 155 mil toneladas a nivel país.
El reciclaje de los plásticos ha tenido un crecimiento sostenido en Chile en los últimos 5 años. Así lo arrojó el un nuevo estudio sobre la materia, la más reciente radiografía del sector elaborada por la Asociación de Industriales del Plástico (Asipla). De esta nueva edición, que recoge la data de 2022, se extrae que la tasa de reciclaje de plásticos creció en un 15% entre 2020 y 2022 (de 96.716 tons. año a 106.870 tons. año), mientras que entre 2018 y 2020 el crecimiento fue de un 11%.
Este estudio -que se realiza bianualmente mediante entrevistas a distintos actores de la industria y a empresas recicladoras que operan en Chile- presenta de manera amplia e integral el estatus de la industria del reciclaje de todos los plásticos, tanto aquellos provenientes del sector de envases y embalajes, como otros residuos plásticos que se originan en las industrias y el comercio, por ejemplo, redes de pesca y residuos generados por los sectores agrícola, acuícola y construcción, entre otros.
De igual forma, el reporte hace un ranking de las resinas más recicladas y la región geográfica donde se valorizan, además de presentar una segregación respecto al tipo de aplicaciones o sectores industriales que absorben esa oferta de materia prima secundaria, lo que constituye un insumo relevante en el diseño de iniciativas y políticas públicas, tales como la Ley REP, la Ley PUSU (Plásticos de Un Solo Uso) y otros reglamentos o leyes.
Entre los principales resultados obtenidos en esta entrega destaca que hoy Chile cuenta con una capacidad instalada total para el reciclaje de plásticos de casi 155 mil toneladas, la que además creció en un 19% respecto de 2020, impulsada en gran parte por la normativa vigente, que ha movilizado a las empresas a invertir y aumentar su capacidad de reciclaje. De ella, cerca de un 20% se destina al PET y el otro 80% a las demás resinas como Polietileno (PE), Polipropileno (PP), Poliestireno (PS), PVC y otros.
Pese al aumento de la capacidad instalada, se observa una pequeña disminución en el número total de empresas recicladoras (de 55 a 52), las que siguen estando muy concentradas en Zona Centro del país, con un 75% de la capacidad instalada, seguida de lejos por la Zona Sur, con un 21%, y la Zona Norte, con un 4%.
Los plásticos mayormente reciclados en 2022 fueron el polietileno y el polipropileno, que suman un 71% de la producción total y crecieron en un 11% en comparación al estudio anterior, seguidos por el PET, que concentra un 25%, y aumentó su reciclaje en un 26% con relación a las cifras de 2020. El poliestireno presenta aún grandes desafíos, principalmente en materia de recuperación y pretratamiento de los residuos, mientras que el PVC es una resina que se utiliza principalmente en aplicaciones de larga duración, y a eso obedecen sus bajas tasas de reciclaje.
En términos del origen de los residuos reciclados se puede observar que un 83% del total proviene de fuentes industriales y comerciales, con un crecimiento del 10% respecto de la medición del 2020. En tanto, el 17% restante provino de los hogares a través de recolectores de base, municipalidades, diversos gestores y puntos limpios, con un crecimiento importante del 45% respecto de los datos levantados en la versión pasada, lo que evidencia una mayor conciencia de la ciudadanía en torno al reciclaje.
Asimismo, desagregando el origen de los residuos por tipo de resina, vemos que en los residuos reciclados provenientes de origen comercial e industrial predominaron el polietileno y polipropileno en un 82%, mientras que el plástico estrella que se recicla a nivel de los hogares es el PET -comúnmente encontrado en botellas, bandejas y clamshells-, en un 79%.
Ahora bien, ¿a dónde ha ido a parar el plástico reciclado? Si se analiza por sector económico, predominó Envases y Embalajes, con un 39% de la demanda, seguido por Hogar, con un 24%, y Agricultura y Pesca con un 14%.
Magdalena Balcells, gerenta general de Asipla, comentó que “los resultados obtenidos en este estudio marcan un hito, ya que se trata de la última medición previo a la entrada en vigencia de la Ley REP. Estamos convencidos de que los futuros reportes que hagamos reflejarán el impulso que significa la puesta en marcha de esta normativa y el aumento significativo que habrá de los residuos plásticos valorizables”.
En tanto, Marcos Segal, presidente del Comité de Economía Circular de Asipla, señaló que “este estudio es el más importante que existe hoy a nivel nacional para mostrar el desarrollo y la tendencia del reciclaje de los plásticos. Estamos muy contentos con los resultados, que muestran un aumento en la tasa de reciclaje de un 15% respecto de 2020, y que nos confirman que vamos por buen camino para cumplir metas ambiciosas de valorización en Chile”.
Foto grupal: Marcos Segal, presidente del Comité de Economía Circular de Asipla; Magdalena Balcells, gerenta general de la asociación gremial; Pedro Alamos, gerente general de ProRep; María José Ureta, gerenta Comercial de Giro; y Nathalia Silva, gerenta de Economía Circular de ReSimple.
En sólo 45 minutos, por medio de tecnología de punta, empresas chilenas están convirtiendo botellas de plástico PET reciclado en materia prima para nuevos recipientes altamente resistentes y que se vuelven a incorporar al círculo del reciclaje tras ser utilizados.
Buscar soluciones y mejores prácticas para poner fin a la contaminación por plásticos es actualmente un objetivo global. En ese contexto, Naciones Unidas ha sido enfática en la necesidad de hacer que el reciclaje se convierta en una empresa más estable y rentable, eliminando por ejemplo los subsidios a los combustibles fósiles, hoy utilizados para hacer que los plásticos vírgenes sean más baratos que los materiales reciclados, o bien imponiendo nuevos criterios para un contenido mínimo de reciclado en diferentes productos.
Si se trata de avanzar en esa línea, y evolucionar hacia una verdadera economía circular, el mundo de los alimentos juega un rol clave, dado los altos volúmenes de empaques que utilizan en el despacho de preparaciones y las grandes exportaciones de fruta. “Cambiar de plástico virgen al reciclado marca una diferencia significativa cuando hablamos de empresas que producen cientos de toneladas de empaques al año. No sólo se están revalorizando los desechos plásticos al crear materia prima para nuevos contenedores, sino que el proceso de fabricación en sí mismo tiene una huella de carbono mucho menor”, asegura Gabriel Fonzo, CEO de Integrity, fabricante de packaging para exportación de frutas, sushi y pastelería a partir de plástico reciclado.
En este contexto, el plástico PET (Tereftalato de Polietileno), que se identifica con el número 1 es el gran protagonista, ya que es el más comúnmente utilizado y es completamente reciclable. Se trata de un polímero ligero, muy maniobrable y que genera menos huella de carbono en su elaboración. Dado esos atributos, es la base de la industria que revaloriza estos residuos, procesándolos para dar vida a nuevos productos fabricados con PET Reciclado. “Sólo en 2022 reciclamos más de 4 mil toneladas de plástico PET para crear nuevos recipientes con un 90% de PET reciclado. Ese pequeño porcentaje que queda para la resina, en algunos casos, otorga la resistencia que a veces es necesaria para soportar más peso”, comenta Fonzo, detallando que el proceso completo para convertir una botella PET en insumo para un nuevo envase no toma más de 45 minutos con su tecnología.
Otro aspecto crucial, dados los altos estándares de inocuidad necesarios, son las certificaciones, pues no todos los envases reciclados son aptos para entrar en contacto con comestibles. Una de las vías es la validación que entrega la FDA (Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos) que garantiza la no migración de agentes tóxicos a los productos que serán ingeridos. Del mismo modo, el estándar global BRCGS y PrimusGFS son valorados como sello de buenas prácticas de seguridad alimentaria y ambos están reconocidos por la Iniciativa Mundial de Seguridad Alimentaria (GFSI, por sus siglas en inglés). “Obtener estas certificaciones implica grandes esfuerzos, tiempos de auditorías y cumplimientos de variables muy exigentes, pero son absolutamente necesarias para resguardar la calidad y especialmente la salud de las personas”, comentó el ejecutivo.
En cuanto a las perspectivas, desde la industria plantean que lo más relevante, además de nuevas normativas como la Ley REP, es establecer incentivos económicos reales para dejar atrás la economía lineal y migrar hacia la circularidad. Junto con ello, hay consenso en torno a que se debe actuar de manera colaborativa para impulsar estos cambios y asumir que todo requiere una inversión que permita mejorar tecnología, diseños y procesos en pro de la sustentabilidad.