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Santiago Industria Circular
Recorridos por Santiago es la iniciativa de OH! STGO para mirar la ciudad de una manera mucho más sustentable

Recorridos por Santiago es la iniciativa de OH! STGO para mirar la ciudad de una manera mucho más sustentable

En este capítulo, conversamos desde Glasgow con Margarita Ducci, directora ejecutiva de Pacto Global Chile de la Organización de Naciones Unidas (ONU), sobre la primera semana de la COP26 en Escocia.

Además, repasamos los recorridos sustentables por Santiago, una iniciativa que busca concientizar sobre lugares de la capital. En último turno, pero no menos importante, el consejo de la semana: ¿Qué sembrar en noviembre?

Escucha el capítulo aquí.

Economía Circular tendrá un 20% de peso en las compras y contratos de minera Collahuasi

Economía Circular tendrá un 20% de peso en las compras y contratos de minera Collahuasi

  • La minera apunta a una reducción gradual y sistemática de los desperdicios que se generan en toda la cadena de valor de la compañía, junto con la disminución de emisiones, el cuidado del entorno y mejorar la productividad.

La Compañía Minera Doña Inés de Collahuasi inició la integración de los atributos de economía circular en sus procesos de licitación y compras, los cuales superarán los US$ 3.500 millones en los próximos tres años. Este nuevo modelo, inédito en el sector, busca aportar al uso eficiente de recursos, innovación de nuevos negocios por reúso de materiales y promover el reciclaje de los residuos generados.

La iniciativa viene acompañada de un nuevo proceso de Desarrollo de Proveedores locales y Gestión de Ecosistema, que busca transferir capacidades y habilitar competencias y herramientas para esta nueva modalidad de compras y licitaciones de manera competitiva. En ese sentido, serán los propios proveedores de bienes y servicios quiénes propondrán las soluciones circulares más competitivas, en función de sus propios procesos.

El Vicepresidente de Administración y Finanzas de la compañía, Carlos Arriagada, explica que «la evaluación circular tendrá un peso de 20% en la ponderación total de las ofertas, beneficiando a aquellos proveedores locales o con operaciones en Tarapacá, y a quienes apunten desde un diseño novedoso a un uso óptimo de los recursos bajo los principios de economía circular y a la reducción de emisiones».

Dicho 20% estará conformado por circularidad (8%), entendiendo por ello la incorporación jerarquizada de las 5R -rechazar, reducir, reparar, remanufacturar y reciclar-; desarrollo regional (8%), con lo que se busca favorecer a empresas regionales o aquellas que instalen sucursales en la región, contratando mano de obra e insumos locales; y reducción de residuos y emisiones (4%), con iniciativas que apunten a la disminución de la huella de carbono y desechos.

Pangal Andrade, activista y ex chico reality: «Todos somos una gotita de agua, pero podemos hacer un gran cambio, como reciclar en casa y no comprar tanto plástico»

Pangal Andrade, activista y ex chico reality: «Todos somos una gotita de agua, pero podemos hacer un gran cambio, como reciclar en casa y no comprar tanto plástico»

  • Conocido por su papel en televisión, hoy Andrade no solo promueve la protección del medioambiente y una cultura de economia circular, sino que también, vive bajo esos preceptos.

Nacido y criado en el Cajón del Maipo, Pangal Andrade alcanzó la fama tras ganar el reality Año Cero (2011), donde destacó por su destreza y capacidad atlética. Toda su vida ha estado en permanente contacto con la naturaleza, la supervivencia y el cuidado del medioambiente. Hoy está alejado del espectáculo, y le preocupa el panorama mundial respecto a la ecología, así como aportar a la economía circular y el futuro próximo del planeta. «Ahora soy constructor. Me levanto todos los días en la mañana y voy a trabajar en un hotel que tenemos que se llama Casa Primal. Lo llevamos construyendo hace más de seis años», dice Andrade.

¿Es un negocio familiar?

Es de mi hermano y cuando vino el gran aluvión se lo llevó todo. Fue terrible. Pero eso es la vida: las cosas por las que uno lucha siempre cuestan el doble y así la vida te va dando enseñanzas. Nos tuvimos que parar absolutamente de nuevo, tuvimos que reconstruirlo todo. Nos demoramos seis meses en limpiarlo completo. Día y noche sin parar, incluso fin de semana, y ahora el hotel está funcionando hace tres meses. Es el sueño de toda una vida. Soy el jefe de obra y mi papá es el diseñador. Otro hermano (Lorenzo) se dedica a la cocina, Roberto se dedica a la parte de administración y Sebastián ve los números.

Son bien apatotados…

Somos full patota, somos muy buenos hermanos y hacemos todo juntos. Con un hermano tenemos la Casa de Chocolate también, que es una heladería y chocolatería. Además, tenemos un lugar por parte de la familia de mi mamá que se llama Cascada de las Ánimas, un centro turístico que tiene más de 40 años y además es pionero en el turismo sustentable. El hotel que tenemos es de puros productos renovables. Toda la tierra del aluvión la utilizamos con botellas, neumáticos, con cartón, con todo.

¿Esta relación con el medioambiente viene de muy atrás en su familia?

Mi mamá nos enseñó desde chicos que todo en la vida sirve, que está ahí por algo, que la naturaleza es muy sabia y que todo es una suerte de dominó. Todo es una cadena que tienes que respetar, nuestra madre nos enseñó a amar y respetar la tierra.

¿Y cómo vive este apego?

Yo siempre he dicho que es una maldición porque te afecta tanto lo que hoy en día está pasando.
Ver cómo el ser humano trata la tierra. Te afecta tanto darte cuenta de que no importa nada y de saber que la tierra es todo. Sin la naturaleza no somos nada y al ser humano hoy en día se le ha olvidado eso: pelea por otras leyes cuando la más importante por la que tenemos que luchar es el cuidado y respeto hacia la tierra. Y eso no está, no existe.

¿Siempre ha vivido en el Cajón del Maipo?

Nacido y criado en el Cajón del Maipo, en la tierra.

¿Cómo fue crecer en ese entorno?

De chicos nos enseñaron a cazar, a subsistir de la tierra, a atar lazos, a pescar con las manos. Nos enseñaron absolutamente todo y esto viene de atrás. Mi mamá de chica recibió esa educación, entonces también nos enseñaron lo que todos deberíamos saber: subsistir de la tierra.

Y ahora tiene su casa ahí, que construyó usted mismo…

Sí, la hice yo. Mi casa está hecha de puros desperdicios.

¿Cómo nació esa idea?

Yo me fui viejo de mi casa, a los 33 años (ríe). Pero yo siempre dije que quería irme a una casa que yo construya, no arrendar ni nada. Irme a mi casa que yo construí con mis propias manos.

Mi papá me preguntó si tenía plata y la verdad que yo no tenía mucha. Entonces él me dio la idea de hacerla con materiales que estén botados en la calle. Y ahí empecé. Construí con neumáticos que llenamos de tierra. Mi casa queda en una quebrada, colgada en el cerro. Hice el techo de cartón, con ayuda de los cartoneros que me traían de todas partes. Iba a la chatarrería a comprar fierros, busqué un montón. Yo soldé la casa, la hice toda. Me demoré el doble pero ahora estoy en mi casita, feliz.

¿Cuánto demoró la construcción?

Desde que empecé hasta que me vine a vivir, fueron dos años y nueve meses. Sin parar. Trabajaba los fines de semana.

¿Esta motivación por construir ha sido una constante en su vida?

De chiquitito construía, trabajaba con mi papá. Me enseñó a hacer cosas con las manos, aunque el gran artista es él. Yo solo soy el constructor.

Pangal demoró dos años y nueve meses en terminar su casa hecha a base de materiales reciclados.

Entonces no se ve saliendo de ahí…

¡Si! ¡A mí me gusta Chile! Soy amante de un país increíble. No valoramos el país que tenemos. Tenemos un país único a nivel mundial. He tenido la suerte también de viajar mucho por el mundo y no existe otro lugar que tenga desierto, mar, selvas, bosque. Es único.

¿Por qué cree que la gente no valora el país que tiene?

La gente como le perdió el amor a la tierra. Tú te das cuenta cuando vas a distintos lugares o la misma gente que nos gobierna. Nos desconectamos de la tierra, de nuestro ADN, de nuestro ser animal. La pandemia ayudó a reconectarnos un poco, porque todo el mundo quería salir y volver a la tierra.

¿Pero sólo en Chile?

Esto es de todo el mundo, o sea, se viene una hecatombe mundial porque el ser humano no se está poniendo las pilas.

Tomando en cuenta el panorama mundial respecto al medioambiente, ¿qué responsabilidad tenemos como individuos?

Todos somos una gotita de agua, pero podemos hacer un gran cambio, como reciclar en casa y no comprar tanto plástico. No ser tan consumista, llevar tu basura a puntos limpios… Si todas esas gotas se juntan, se arma un estero, y después se arma un río y después un mar. Si lo logramos, la hacemos. Por ahora estamos en el proceso de juntarnos entre gotitas.

¿Eso generará un cambio real?

Totalmente. Nosotros tenemos el poder decidir, de decirle a las empresas lo que queremos, de cambiar la economía, nosotros somos los consumidores. Nosotros somos los que le damos la plata a las grandes empresas. Tú eres el que decide qué es lo que va a comprar y qué no. Tú, nadie más que tú.

En esa línea, ¿qué le parece el cambio de paradigma de algunas empresas a ser un poco más “verdes”?

Ese es el futuro. Me fascina.

Usted participó en una campaña con un banco…

La gente está cambiando, la gente está exigiendo. Y si la gente empieza a querer cada vez más el cambio, las empresas están obligadas, porque nosotros llevamos la batuta.

¿Cuál es la responsabilidad de las autoridades?

Faltan leyes que exijan que seamos 100% sustentables y renovables. Tenemos todo para hacerlo. Pero no sé qué están esperando. Quieren lograr la neutralidad del carbón hasta el 2050 y no, tiene que ser ahora. Pero seguimos quemando. En algún momento va a explotar.

El aluvión del 30 de enero de 2020 dejó por el suelo gran parte del Cajón del Maipo.

En el día a día: ¿Cómo se relaciona con la economía circular?

Yo soy cero huella. Todo lo que sube, se queda en mi casa. Toda la basura y plásticos los vuelvo ecoladrillos gigantes. Meto la basura dentro de los neumáticos. Esos neumáticos después se tapan con barro. Hace dos años y medio que no bajo basura. Hice unos drenajes buenísimos y toda el agua que uso se va a los árboles. Tengo árboles frutales por todas partes. En el fondo es prepararse. Me enseñaron a estar preparado para lo que viene.

¿Dónde adquiere los productos básicos?

Una prima hace pan de masa madre y nos da. Compro verduras en almacenes chicos y las traigo en cajas. Uso detergente biodegradable. Almuerzo con mi mamá en el trabajo. Ella cría patos, gallinas, pero comemos muy poca carne. Tengo mi propia chacra en mi casa.

¿Lleva una alimentación basada en vegetales?

Como muy poca carne. Me gusta, pero con suerte, una vez al mes.

¿Cuánta distancia recorre entre ir a comprar y volver?

Para subir a mi casa es como un kilómetro y medio caminando, por el cerro. No es tanto, pero fue heavy subir todas las cosas para construir. Tuve que subir todo en moto.

¿Se ha planteado alguna vez educar acerca de este estilo de vida?

Educo un poco por mis redes sociales. Enseño todo lo que puedo.

¿Cómo es el llamado a contribuir con la economía circular? ¿Qué tipo de mensaje entrega?

El llamado es a ser conscientes. No qué comprar ni qué hacer. Sino, poner la mano en el corazón y ver lo que le falta y necesita el mundo. Cada uno aporta con lo que puede. Todos los cambios son de a poco. El llamado es a frenar y ver tu entorno, a que pienses de donde viene el agua que te estás tomando. Imagínate que Chile es un país que no tiene ley de glaciares. Lo atrasados que estamos. Si logramos ser una sociedad un poco más consciente, nos irá mucho mejor.

Nadando contra la corriente: el aumento de las Cooperativas de Consumo Responsable en Chile

Nadando contra la corriente: el aumento de las Cooperativas de Consumo Responsable en Chile

  • Productos agroecológicos, sustentables y locales. Esa es la premisa de estas organizaciones para ofrecer una alternativa al comercio establecido, además de proponer un modelo de compra-venta circular en el marco del comercio justo.

Autogesión es la palabra clave de las denominadas «cooperativas de consumo responsable», que de a poco crecen por diversas partes del país, con temáticas que van desde servicios (por ejemplo electricidad y transporte), hasta alimentación. Su consigna es la lucha por incentivar el producto local.

Construidos por más de 100 socios, en el caso de las cooperativas que abogan por la alimentación, el objetivo primordial es abastecerse de víveres agroecológicos o con certificados orgánicos y que sean parte del comercio justo. Es decir, que sigan lineamientos éticos específicos en relación a DD.HH., prácticas laborales justas y protección del medioambiente.

En el caso de su impacto en la economía circular, promueven el trato directo con productores pequeños, prefiriendo productos amigables con el medioambiente, que pueden ser reciclados, reutilizados y libres de químicos nocivos para la salud.

La Manzana es una de las primeras cooperativas de consumo responsable del país. Ubicada en Valdivia, reparte y recibe productos de toda la zona. El proyecto comenzó en el terminal de buses de la ciudad, a raíz de un grupo informal que repartía víveres entre ellos.

Poco a poco, la cantidad de gente comenzó a aumentar y la idea de hacer una cooperativa cobró fuerza. Finalmente, el año 2009, inició actividades de manera formal; en una labor que se mantiene hasta hoy, 13 años después. “Es impactante cuando te das cuenta de lo que estás consumiendo: agroquímicos, preservantes, colorantes, exceso de sal, etc. Cuando uno hace ese click, puedes mejorar tu salud y hacerte cargo de lo que consumes”, cuenta Catrileo, respecto a su motivación para participar en la organización», cuenta Rayen Catrileo, presidenta de La Manzana.

Este organismo valdiviano busca estimular al productor local y a la agricultura de la zona, adquiriendo alimento fresco y agroecológico. Para ello trabajan de manera constante con fabricantes de los alrededores; por ejemplo, tienen volúmenes comprometidos de productos en La Unión y Paillaco. “Esto ayuda a la gente que produce de manera económica y a nosotros de forma organizacional”, agrega Catrileo. Las compras se realizan los días miércoles (verduras en predios cercanos), mientras que algunos vendedores hacen llegar los productos en servicios de mensajería.

Todos los víveres llegan a la tienda oficial de La Manzana, ubicada en Valdivia. Allí se pueden encontrar alimentos, cosméticos e incluso productos para el hogar. El pago a los proveedores se realiza de manera única el día que son adquiridos los víveres. De igual forma, vendedores de la zona se acercan hasta el almacén para ofrecer sus creaciones, el cual está abierto de miércoles a sábado. El aporte de capital de los socios es de 50 mil pesos. En tanto, anualmente, se paga una cuota social para pagar costos administrativos de la cooperativa.

JUNTOS-COMPREMOS-ALMACEN

En Santiago, varias cooperativas se han levantado para propiciar una alimentación mucho más saludable en varias comunas. Ese es el caso de Juntos Compremos, grupo vecinal que nació en 2011 como una comunidad de compras grupales.

Al igual que La Manzana, su objetivo es apoyar los productos locales y evitar la compra en grandes cadenas de supermercados y negocios asociados. El crecimiento fue progresivo y al conseguir los 100 socios necesarios, se estableció formalmente la cooperativa de abastecimiento junto con una tienda en Plaza Ñuñoa. “Tenemos alrededor de 80 proveedores en todo Chile con los que nos abastecemos de harina, legumbres, granos, azúcar, café, té, hierbas, detergentes a granel, cosméticos, entre otras cosas”, cuenta Pamela Bravo, socia de Juntos Compremos.

Según Bravo, la idea es tener un negocio social y circular para dar alternativas al comercio establecido. “Al productor le pagamos al día, le damos visibilidad y tomamos todas las medidas para ejercer un tipo de comercio justo”, dice.

El trabajo de la cooperativa se ha mantenido incluso en momentos álgidos del país, como el Estallido Social. En aquella ocasión, ofrecieron productos y voluntarios en ollas comunes de todo Santiago. La cuota de los socios es única y asciende a 100 mil pesos. El almacén de Juntos Compremos funciona de lunes a sábado en Plaza Ñuñoa.

La «pequeña» ruta de las pilas en Chile

La «pequeña» ruta de las pilas en Chile

  • En Chile, solo una organización se preocupa del reciclaje consciente de las pilas alcalinas, lo cual demuestra una débil red de responsabilidad asociada a este tipo de desechos. Esto es un problema grave si se considera que las pilas son uno de los «productos prioritarios» de la Ley de Responsabilidad Extendida del Productor, denominada también como Ley REP o Ley de Reciclaje.

Actualmente en el país, no hay una política de Estado que cubra el reciclaje de ciertos materiales de una pila común, ni tampoco que certifique la disposición final correspondiente según su propio decreto. Esto quiere decir que, aparte de la ley escrita, no hay mecanismos propios del Gobierno que propicien su cumplimiento.

Pero el tema es aún más grave si tomamos en cuenta que las pilas son uno de los «productos prioritarios» de la Ley de Responsabilidad Extendida del Productor, denominada también como Ley REP o Ley de Reciclaje. Cuando este tipo de producto empiece a funcionar dentro de esta legislación, debe existir no solo un Sistema de Gestión que se encargue de su reciclaje y revalorización, sino también, los fabricantes o importadores de pilas deben, por ley, hacerse cargo.

Una sola pila de mercurio (la típica de botón) puede llegar a contaminar 175.000 litros de agua. Por ello, el Ministerio de Salud la calificó como Residuo Peligroso, según el Decreto 148 de la ley chilena. Esto significa que su fabricación, tratamiento y disposición final deberán atenerse al cuidado irrestricto del medioambiente. Ahora bien, en Chile, ¿cómo es el proceso para el correcto tratamiento de las pilas?

Dentro de ese contexto, varias entidades se están haciendo cargo de “La ruta de la pila”, velando por un tratamiento amigable con el medioambiente que decante en la correcta eliminación del producto.

En primer lugar, las pilas son recogidas por dichas fundaciones y/o municipalidades. Este proceso también debe ser cuidadoso por parte de quiénes las dejan en los puntos limpios o pretenden reciclarlas. La pila excreta sustancias tóxicas con el paso del tiempo, por lo que deben ser encapsuladas en una botella de plástico con tapa. Asimismo, las pilas de botón (las clásicas de mercurio tipo AA, AAA, etc.), deben estar envueltas en cinta adhesiva, pues son inflamables.

Luego del correcto embalaje de las pilas, son transportadas a empresas que se dedican al desecho consciente de dicho producto. En algunos casos, se pueden rescatar algunos materiales, como el zinc y el manganeso, para reutilizarlos. En Chile, sólo una organización realiza este proceso: Recybatt.

La startup funciona desde hace un poco más de un año, de la mano de Daniela Vergara, su fundadora en la región de Atacama. Las pilas alcalinas, que son recicladas por la organización, llegan a una pequeña planta de tratamiento ubicada en Copiapó.

En el lugar, se someten a un proceso de hidrometalurgia (lixiviación), que consiste en la separación de una o varias sustancias contenidas en una matriz sólida (en este caso, la pila), a través de disolventes líquidos.

En primer orden, se trituran completamente las pilas (a través de máquinas y de manera manual). Luego, son sometidas a dos procesos de lixiviación ácida; es decir, a lavados en una mezcla de Hidróxido de zinc y luego en una de Carbonato de manganeso. Este tratamiento separa el zinc y el manganeso de las baterías.

Ambos minerales pueden ser reutilizados, por lo que Recybatt los vende como materias primas. En el caso del zinc, este funciona como abono; mientras que el manganeso puede ser materia de origen de pigmentos de pinturas industriales.

Recybatt fue destacado entre los mejores 500 proyectos socioambientales de los Premios Verdes del 2020 (Piensa Circular es media partner del evento 2021), en la categoría de manejo de residuos sólidos.

En tanto, la otra manera de darle un buen fin al ciclo de la pila es enterrarla en bloques de seguridad, generalmente de concreto o mezclas sanitarias. La Municipalidad de Las Condes participa activamente en el desuso correcto de las pilas, a través de puntos verdes y convenios con empresas que realizan dicho tratamiento.

Las pilas se introducen en bloques sanitarios, los cuales evitan que los componentes tóxicos (Mercurio, Plomo y Cadmio, entre otros), lleguen a la tierra y contaminen el medioambiente, en un proceso que se conoce como inertización. “Nosotros hicimos licitaciones para que empresas se hagan cargo de estos residuos peligrosos. Recogemos todas las pilas contenidas de los puntos verdes, las trasvasijamos y luego las empresas se las llevan a plantas de inertización”, explica Ricardo Contreras, encargado de Punto Verde de la Municipalidad de Las Condes. La entidad municipal trabaja en conjunto con Bravo Energy, Hidronor, Recimat y Bitácora LTDA.

Aquellas tratadoras de residuos peligrosos están certificadas en su manejo, por lo que el resultado final es muy satisfactorio con el medioambiente. Sin embargo, las pilas alcalinas no son el único agente contaminante en cuanto a residuos electrónicos se refiere.

“El próximo desafío en cuanto al ciclo de la pila es ver cómo vamos a mudar en el tratamiento de las alcalinas comunes, a uno que abogue por las baterías de celular, de computadores y nuevas tecnologías”, concluye Contreras.