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La "pequeña" ruta de las pilas en Chile

La “pequeña” ruta de las pilas en Chile

  • En Chile, solo una organización se preocupa del reciclaje consciente de las pilas alcalinas, lo cual demuestra una débil red de responsabilidad asociada a este tipo de desechos. Esto es un problema grave si se considera que las pilas son uno de los “productos prioritarios” de la Ley de Responsabilidad Extendida del Productor, denominada también como Ley REP o Ley de Reciclaje.

Actualmente en el país, no hay una política de Estado que cubra el reciclaje de ciertos materiales de una pila común, ni tampoco que certifique la disposición final correspondiente según su propio decreto. Esto quiere decir que, aparte de la ley escrita, no hay mecanismos propios del Gobierno que propicien su cumplimiento.

Pero el tema es aún más grave si tomamos en cuenta que las pilas son uno de los “productos prioritarios” de la Ley de Responsabilidad Extendida del Productor, denominada también como Ley REP o Ley de Reciclaje. Cuando este tipo de producto empiece a funcionar dentro de esta legislación, debe existir no solo un Sistema de Gestión que se encargue de su reciclaje y revalorización, sino también, los fabricantes o importadores de pilas deben, por ley, hacerse cargo.

Una sola pila de mercurio (la típica de botón) puede llegar a contaminar 175.000 litros de agua. Por ello, el Ministerio de Salud la calificó como Residuo Peligroso, según el Decreto 148 de la ley chilena. Esto significa que su fabricación, tratamiento y disposición final deberán atenerse al cuidado irrestricto del medioambiente. Ahora bien, en Chile, ¿cómo es el proceso para el correcto tratamiento de las pilas?

Dentro de ese contexto, varias entidades se están haciendo cargo de “La ruta de la pila”, velando por un tratamiento amigable con el medioambiente que decante en la correcta eliminación del producto.

En primer lugar, las pilas son recogidas por dichas fundaciones y/o municipalidades. Este proceso también debe ser cuidadoso por parte de quiénes las dejan en los puntos limpios o pretenden reciclarlas. La pila excreta sustancias tóxicas con el paso del tiempo, por lo que deben ser encapsuladas en una botella de plástico con tapa. Asimismo, las pilas de botón (las clásicas de mercurio tipo AA, AAA, etc.), deben estar envueltas en cinta adhesiva, pues son inflamables.

Luego del correcto embalaje de las pilas, son transportadas a empresas que se dedican al desecho consciente de dicho producto. En algunos casos, se pueden rescatar algunos materiales, como el zinc y el manganeso, para reutilizarlos. En Chile, sólo una organización realiza este proceso: Recybatt.

La startup funciona desde hace un poco más de un año, de la mano de Daniela Vergara, su fundadora en la región de Atacama. Las pilas alcalinas, que son recicladas por la organización, llegan a una pequeña planta de tratamiento ubicada en Copiapó.

En el lugar, se someten a un proceso de hidrometalurgia (lixiviación), que consiste en la separación de una o varias sustancias contenidas en una matriz sólida (en este caso, la pila), a través de disolventes líquidos.

En primer orden, se trituran completamente las pilas (a través de máquinas y de manera manual). Luego, son sometidas a dos procesos de lixiviación ácida; es decir, a lavados en una mezcla de Hidróxido de zinc y luego en una de Carbonato de manganeso. Este tratamiento separa el zinc y el manganeso de las baterías.

Ambos minerales pueden ser reutilizados, por lo que Recybatt los vende como materias primas. En el caso del zinc, este funciona como abono; mientras que el manganeso puede ser materia de origen de pigmentos de pinturas industriales.

Recybatt fue destacado entre los mejores 500 proyectos socioambientales de los Premios Verdes del 2020 (Piensa Circular es media partner del evento 2021), en la categoría de manejo de residuos sólidos.

En tanto, la otra manera de darle un buen fin al ciclo de la pila es enterrarla en bloques de seguridad, generalmente de concreto o mezclas sanitarias. La Municipalidad de Las Condes participa activamente en el desuso correcto de las pilas, a través de puntos verdes y convenios con empresas que realizan dicho tratamiento.

Las pilas se introducen en bloques sanitarios, los cuales evitan que los componentes tóxicos (Mercurio, Plomo y Cadmio, entre otros), lleguen a la tierra y contaminen el medioambiente, en un proceso que se conoce como inertización. “Nosotros hicimos licitaciones para que empresas se hagan cargo de estos residuos peligrosos. Recogemos todas las pilas contenidas de los puntos verdes, las trasvasijamos y luego las empresas se las llevan a plantas de inertización”, explica Ricardo Contreras, encargado de Punto Verde de la Municipalidad de Las Condes. La entidad municipal trabaja en conjunto con Bravo Energy, Hidronor, Recimat y Bitácora LTDA.

Aquellas tratadoras de residuos peligrosos están certificadas en su manejo, por lo que el resultado final es muy satisfactorio con el medioambiente. Sin embargo, las pilas alcalinas no son el único agente contaminante en cuanto a residuos electrónicos se refiere.

“El próximo desafío en cuanto al ciclo de la pila es ver cómo vamos a mudar en el tratamiento de las alcalinas comunes, a uno que abogue por las baterías de celular, de computadores y nuevas tecnologías”, concluye Contreras.