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Clima, plásticos y biodiversidad

Clima, plásticos y biodiversidad

Por Gonzalo Muñoz Abogabir, cofundador de TriCiclos, Manuia y Polkura, Climate Champion COP25.

No es frecuente que la ONU cite a tres cumbres de negociación ambiental del más alto nivel concentradas en un período de menos de dos meses. Serán exactamente 6 semanas las que transcurrirán entre que se dio apertura a la COP27 de cambio climático en Sharm el Sheik (Egipto), y se dará clausura a la COP15 de biodiversidad en Montreal (Canadá). Entre estas dos cumbres, también se llevó a cabo la primera reunión del comité intergubernamental de negociación sobre la contaminación global de plásticos en Punta del Este (Uruguay). ¿Qué lógica e implicancias podemos concluir de esta agenda tan intensa?

La primera evidencia subyace en el hecho de que los seres humanos hemos generado tremendas modificaciones en el único medio ambiente que tenemos disponible para vivir. Resulta alarmante la alteración de algo tan básico como el clima, con las consiguientes olas de calor como la que se está sintiendo en Sudamérica en estos días. Olas de calor que pueden llegar a hacer invivible extensos territorios del planeta, y que evidentemente nos deben hacer reflexionar en el efecto que el clima tiene en nuestra disponibilidad de agua y alimentos. Estamos dañando lo parámetros básicos para poder sobrevivir, y todo esto se da en el año en que se estimó que la población del mundo ya superó los 8 mil millones de habitantes. Es decir, necesitamos más y mejor ambiente, pero nuestra desidia y negligencia nos está llevando en el camino contrario.

Por otra parte, el último informe sobre la biodiversidad en el planeta (living planet report 2022, WWF) muestra una caída brutal en las poblaciones de especies en el planeta. Entre 1970 y hoy, hemos perdido en promedio el 69% de los miembros de las 32.000 especies salvajes estudiadas. En Latinoamérica, este porcentaje se eleva hasta un escandaloso 94%.  Actualmente el planeta está repleto de humanos y especies que nos sirven a los humanos ya sea para alimentarnos, vestirnos o construir cosas. El resto de las especies han sido consistentemente arrinconadas en cada vez menos lugares libres del impacto de lo que hemos llamado progreso. Y resulta igualmente alarmante el que tan pocas personas sean conscientes no sólo del dilema ético, sino que de cuánto esto fragiliza a la propia especie humana. Somos una especie suicida e inculta en su acción suicida, lo cual es doblemente peligroso ya que nos lleva a operar con la constante arrogancia de creer que podemos resolver cualquier dilema con nuestra supuesta inteligencia y tecnología. Esto no es así. Los seres humanos (al igual que las demás especies que cohabitan este planeta) necesitamos de la diversidad biológica y del equilibrio planetario para poder tener un mínimo de bienestar. Pretender habitar este planeta con sólo un puñado de otras especies se parece mucho más al sueño hiperventilado de quienes aspiran a habitar alegremente Marte, que a quienes aún creemos que es posible restaurar equilibrios en este maravilloso planeta azul.

Por último, tenemos la tremenda realidad de que un material tan sorprendente y versátil como el plástico, se ha convertido en un arma de doble filo (o múltiples filos a esta altura), que nos exige repensar sus diversas aplicaciones, usos y contribuciones. Actualmente la contaminación por plástico se ha convertido en una crisis global tan alarmante como que se han encontrado muestras de ello incluso en las Fosas Marianas (11.000 metros de profundidad), en la cumbre del Everest y en el 90% de la sal comercializada en el mundo, entre otros múltiples impactos negativos evidentes en el medio ambiente y en la salud de las personas. Hemos lanzado miles de millones de toneladas de plástico a los ecosistemas terrestres y marinos, en una curva que se ha acelerado escalofriantemente entre 1950 y el día de hoy. Esto obviamente agrava el drama de la biodiversidad ya que sirve como arma de destrucción masiva contra múltiples especies en todo el mundo (hemos visto como dramáticos ejemplos las imágenes de aves, tortugas y peces siendo asfixiadas por elementos plásticos), y al mismo tiempo contribuye a aumentar la gravedad de la crisis climática dado el origen común en la industria de los combustibles fósiles.

Para quienes hemos tenido la oportunidad de participar en estas tres instancias, es evidente que nos abruma la evidencia y nos angustia la lentitud y torpeza con que hemos permitido que se acumule el drama. Y a su vez nos parece lógico que hayamos llegado al punto donde deban comenzar a saltar todas las alarmas. La línea roja la cruzamos hace rato en estos tres ámbitos. Ahora estamos viviendo la era de las consecuencias. Momento para tomar estos tres mega desafíos y convertirlos en agenda de real desarrollo y progreso. Ese es el desafío de nuestra generación. Ya no cabe el pretender que los que venga arreglen el entuerto.

Es el grupo de la población que actualmente tiene capacidad e influencia y toma de decisiones, el que va a decidir qué tipo de vida le tocará a quienes vienen a continuación. Si deberán seguir lidiando con un planeta que se sobrecalienta, se llena de basura plástica, y donde sobreviven unas pocas especies que cumplen con las condiciones de laboratorio; o si finalmente demostraremos ser una especie biológicamente inteligente que se adapta a los cambios del entorno y para el entorno. Como siempre, la oportunidad suele ser del tamaño de la crisis. De aquí saldrán los liderazgos que nos lleven a lo que será el futuro en estas dimensiones. Decida usted de qué lado de la historia le gustaría quedar posicionado.