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Innovar y emprender aprendiendo de los bosques

Por Melissa Jeldes, consultora en innovación Social, Emprendimiento y Sostenibilidad.

A propósito del Día del Árbol hablemos de la biomimética y su contribución a la gestación de ecosistemas de innovación y emprendimiento. Partamos explicando que se trata de una disciplina que nos invita a imitar la naturaleza para vivir mejor y que nos hace un llamado a inspirarnos en su inteligencia y capacidad creativa para crear estructuras, procesos y materiales que nos ayuden a abordar necesidades del día a día.

Es increíble ver cómo muchos de los problemas de diseño con los que nos enfrentamos ya han sido resueltos por distintos organismos durante su proceso evolutivo. Y lo mejor de todo, es que siempre lo hacen teniendo como máxima la eficacia y la sostenibilidad, aspectos tremendamente relevantes para el mundo de hoy. Lo dice ya el Instituto Biomimicry, la naturaleza cuenta con 3.800 millones de años de experiencia en I+D así que recurramos a ella cada vez que queramos entender, mejorar y explicar lo que nos apasiona.

Nuestro país tiene a destacados exponentes que hacen referencia a estos temas. Pienso en Humberto Maturana y Ximena Dávila con la biología cultural, en Ronald Sistek y la regeneración del campo social, en Rod Walker y la educación al aire libre. Dimensioné el real peso que tiene hablar de generar ecosistemas de innovación y emprendimiento cuando repasaba sus miradas y las conversaciones con este último, un hombre de 83 años que en su vida, más que acumular bienes y pergaminos, se ha dedicado a cultivar una sabiduría tremenda en contacto con los bosques del Santuario el Cañi, en plena Región de la Araucanía.

Es sabido que en los pasillos de CORFO, incubadoras y aceleradoras se habla de ecosistemas para referirnos al entorno ideal para acompañar ideas desde su creación hasta su implementación y escalabilidad. Esa definición tiene su origen precisamente en la biología, haciendo referencia a una comunidad de organismos independientes que comparten el mismo hábitat. De sus interacciones se obtiene la materia y la energía que da como resultado el equilibrio del ecosistema.

Cuesta mucho bajar todo eso a mundos en donde no se le toma el peso a la necesidad de poner la colaboración por delante de la competencia, a la verdadera relevancia que tiene la necesidad de vincular personas y organizaciones, a la urgencia de que todos contribuyamos desde nuestros roles a un bien mayor. Porque si le va bien a uno, nos va bien a todos y el antónimo de esa frase nos llevaría a contar los días de nuestra civilización.

Hace unos meses tuvimos una linda conversación con Ragnar Behncke, un tremendo emprendedor que además trabaja con la antropología evolutiva. Comparábamos los ciclos del bosque con el diseño de un fondo de innovación regenerativo y fue maravilloso escuchar lo que vino de él: el proceso con el que una idea se desarrolla y da paso a ecosistemas se debería inspirar en la forma como ocurre en la naturaleza. Las esporas que andan en el aire llegan a los campos que están disponibles donde se produce un proceso de selección en donde solo algunas logran desarrollarse. Esas dan forma a las “especies pioneras” que son las esporas que se fijan el suelo para lo que vendrá. Luego vienen las “especies intermedias” que son los arbustos que dan ese tipo de “acompañamiento” que le brinda sombra y apoyo a los árboles más grandes que necesitan crecer con mucha más humedad. Y lo más importante es el “clímax comunitario”, donde ya están los árboles firmes, grandes y fuertes y el bosque logra convertirse en un verdadero ecosistema.

La mayor amenaza para la innovación y emprendimiento es no contar con un contexto que la sostenga. Por tanto, así como lo explican los árboles y el bosque, un ecosistema de innovación y emprendimiento debe pretender generar un hábitat donde sea muchísimo más que la suma de sus partes, haciendo que la colaboración transforme el conocimiento en innovación. Porque tal como lo enfatiza Ken Robinson, uno de los mayores expertos en desarrollo de la creatividad e innovación del mundo, es el propio ecosistema del entorno el que puede lograr que una idea que, en principio pueda parecer peregrina, termine revolucionando un modelo de negocio o incluso toda una industria.