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Michel Compagnon, fundador de Comberplast y Atando Cabos: “Soy un amante del plástico y el medioambiente, pero odio que se junten”

  • Hoy, gracias al trabajo de Atando Cabos, este empresario tiene como clientes a compañías como CCU, Natura y Rehrig Pacific Company, entre otros.

 

Fundador de dos proyectos con exclusiva orientación a un mejor uso del plástico, Michel Compagnon vivió desde pequeño rodeado de polímeros y olores relacionados, en una parcela de San Bernardo, donde su padre tenía una fábrica. Esos paseos en bicicleta por el terreno familiar decantaron en una motivación especial para limpiar el mundo de plástico, y a su vez, revalorizarlo como un “material que te puede ayudar toda la vida”. “Ese es mi ambientalismo desde el plástico, que es bien loco”, afirma.

¿Cómo empezó su relación con el medioambiente?

Siempre me gustó recorrer parques nacionales y esas cosas. Mi viejo tiene una fábrica de plásticos que yo heredé. Todo el mundo piensa que es el antagonista del medioambiente, pero mi viejo me explicó que el plástico tenía la tremenda virtud de que era eterno. El error era botarlo. El plástico puede transformarse y ayudarte siempre. El plástico es un reemplazante natural de recursos naturales, valga la redundancia. Cada cosa de plástico que se hace es un árbol menos que se cortó. Siempre que esté bien usado y lo reusemos. Con esa mentalidad nos criaron y siempre hubo reciclaje. Ahora con la segunda generación le hemos dado más fuerza. Ese es mi ambientalismo desde el plástico, que es bien loco.

¿Qué segundo uso le daban al plástico?

Reciclamos los descartes de planta e ir a donde nuestros clientes para ver si tenían también descartes para hacerles productos. Cuando llegamos la segunda generación quisimos darle más fuerza a la economía circular en la planta.

¿Qué le motivó a seguir trabajando en materia de medioambiente?

Una vez conversando con mi mamá un poco de la vida me dijo que a todos nos movilizan las cosas que amamos y odiamos. Yo amo al plástico, y según yo, lo mejor que tiene es que no biodegrada. Lo que pasa es que lo estamos usando mal: fuimos tan inteligentes de inventar un material que te puede ayudar toda la vida, y nosotros lo usamos una vez y después lo botamos. Y por otro lado tengo esta afición a la naturaleza. Ahora, de verdad, yo odio que estén juntos. Que el plástico y el medioambiente se junten. Y a eso me dedico: a limpiar el mundo de plástico. En Comberplast eso es lo que nos motiva.

¿Cómo llevó a la práctica este pensamiento?

Empecé a buscar grandes volúmenes de residuos plásticos, que para mí nunca es un residuo. Después, a desarrollar tecnologías para reciclarlo y transformarlo en un pellet y después hacer productos. Así fui con mis clientes y futuros clientes a decirles que podía tomar el plástico y transformarlo nuevamente en productos pero con mejor precio, mejores costos y con esta responsabilidad de estar limpiando algo. Yo por hacerte un pallet, de rebote, estoy limpiando una playa. Hoy tenemos productos 100% reciclados. En promedio, tenemos un 80% de material reciclado versus virgen.

Empezamos después a medir la huella de carbono, entregarles esos datos a los clientes y ese plus de lo que significa trabajar en la economía circular. Así fuimos de a poquito, pero fue un proceso bien largo, bien duro. Estuvimos harto tiempo caminando por el desierto.

Después de darle forma a Comberplast, empezó Atando Cabos. ¿Qué le motiva a diversificar sus proyectos relacionados con el medioambiente y economía circular?

Yo me vine de vacaciones al sur, a recorrer la Patagonia y encontré una playa llena de residuos. Yo pensé que lo estaban acopiando y pregunté, pero me dijeron que era basura. Y bueno, a raíz de eso me nació este proyecto. Empecé a averiguar y comencé a encontrar que acá (Patagonia) los volúmenes de residuos plásticos eran gigantes. Y también me di cuenta de que la industria salmonera o de la acuicultura en general, o en la miticultura, tampoco tenían por qué saber de plástico. Así como yo no tengo idea de cultivar salmones, pero de plástico sí sé y también cómo reciclarlo.

Este tipo de industria no tiene por qué saber necesariamente del plástico como sabes usted, pero igual tiene que manejar cierto tipo de información acerca de cómo reutilizarlo. ¿Qué opinión tienes de cómo trabajan eso?

Uno piensa “¿cómo no se hacen cargo?”. Ahora, hace cinco años, no era tema, el medioambiente no era tema, no estaba en la matriz de decisión. Así como había muchas empresas que no tenían a nadie encargado de sustentabilidad. Preguntabas: “oye, ¿qué hacen con los cabos?” y te miran con cara de “no sé, lo ocupamos y después se van a la basura”, como se iba la bolsa plástica o como se iban los residuos de la cocina. Hoy día es tema, ahora la industria se está haciendo cargo y estamos apoyando en eso. Había que llegar con una propuesta de crear valor, no solamente decir “hey, entrégame los cabos a mí”. Teníamos que ir con una propuesta un poco más potente y además de grandes volúmenes. A mí no me servía reciclar un camión de cabos, yo necesitaba, para armar realmente un ciclo de reciclaje importante, dos camiones a la semana y acá existían esos volúmenes, entonces ahí pudimos desarrollar un proyecto completo. El año pasado hicimos 2300 toneladas de residuos desde acá. Son números bien grandes.

¿Cómo es la operación de Atando Cabos?

Nosotros tenemos tres zonas importantes. Está Aysén, Chiloé – Puerto Montt y Magallanes, y lo que hacemos es que trabajamos de distinta manera. Trabajamos con los pescadores que hacen limpieza de playa, y ellos nos ayudan y les compramos por kilo los residuos que van juntando. Eso llega a un centro de acopio donde se junta un volumen importante y se va en camión a Santiago. También, la industria salmonera -por ejemplo-, hace los desarmes de centro y cuando ellos ya declaran estos materiales que están en desuso, nos lo entregan y eso se va después a la planta de reciclaje y se entregan los certificados de valorización final. Además, hacemos la trazabilidad completa.

¿De qué forma hacen la trazabilidad?

Aparte de la química para poder mezclar estos plásticos, un software de trazabilidad, que está basado en blockchain y se llama trust (T.R.S.T), que significa “confianza”. Por ejemplo, un pescador va a una playa perdida en la Patagonia, encuentra redes o boyas, le saca una foto y queda georreferenciado quién sacó la foto, dónde, cómo tomó esos cabos, cómo los entregó, cómo se reciben. Cada uno de los pasos trazado y grabado en este blog. Después al camión, a la planta de reciclaje y cuando se transforma en un producto. Entonces después yo puedo tener un pallet, un anteojo o una caja que tienen un código QR, que tú lo escaneas y te muestra la trazabilidad completa. Nosotros decimos que es el primer plástico con denominación de origen en el mundo.

¿Cuáles son los próximos objetivos?

Yo estoy enamorado del problema, no de la solución. Hoy estoy reciclando, yo hago reciclaje mecánico, o sea, tomamos la red, la boya, las molemos, las lavamos, las transformamos en un pellet y después en producto. Pero las redes, el volumen de redes que hay acá, por ese proceso, es muy lento para el volumen y además la atracción de demanda que se puede generar de ese material, del nailon, de las redes, acá en Chile era muy bajo, así que nos asociamos con una de las mayores recicladoras del mundo de nailon que se llama AquaFil, que es una empresa italiana y con ellos vamos a hacer reciclaje químico, que es que ellos polimerizan para generar nuevamente filamento y hacer ropa. Sus clientes son Gucci, Prada, Volvo y ahí tenemos una reacción de demanda importante con una tecnología distinta a la que nosotros hacemos aquí.

Siempre digo, lo que quiero es limpiar el mundo de plástico, con reciclaje mecánico o con reciclaje químico o como sea, pero si me tengo que cambiar de tecnología, lo hago. Mi foco es el otro, el problema.

Compagnon en la Patagonia chilena.

¿Cómo ves el proceso del reciclaje ahora en Chile? Tanto en la ciudadanía, en autoridades, en el conocimiento que se le está dando a esta manera de darle un nuevo uso o una nueva vida a los desechos.

Son varias cosas. Creo que en Chile la gente piensa que estamos más mal de lo que estamos, que estamos más atrás que nuestra región. Yo creo que acá estamos liderando bastantes cosas, sobre todo en materia de economía circular. Ya la Cámara Chilena de Construcción lanzó su ruta de economía circular; el Ministerio de Medioambiente sacó la ruta de economía circular del país; está el Pacto Chileno de los plásticos, se están haciendo muchas cosas. Bueno, y la ley REP porque además se está implementando lento, pero a un paso que se tiene que implementar una ley como esta, que son leyes complejas. Entonces, el reciclaje es una cosa importante, pero la disminución, repensar las cosas para que no sean basura, todas esas cuestiones van sumando. Creo que Chile está avanzando bien, siempre se puede ir más rápido, nos gustaría que fuera mucho más rápido, pero estamos avanzando más de lo que la gente cree.

Sí, es una manera bien positiva de verlo.

Yo soy medio positivo, piensa que yo hice un negocio de la basura, así de positivo.

Bueno, pero la basura de unos es el tesoro de otros.

Eso es clave en la economía circular. Creo que el peor enemigo de la economía circular es la economía circular dogmática, no es la economía lineal, es esa idea de decir: “yo tengo una bolsa de papas fritas y la quiero reciclar y transformar en bolsa de papas fritas”, yo hago una caja y la quiero reciclar y transformar en la misma caja. Si fuera así de fácil, ya todos lo hubieran hecho. Por qué no se ha hecho, porque es complejo y además eso te limita mucho, tienes una frontera y un horizonte súper chico. En cambio, cuando tú cruzas fronteras entre industrias, es decir, los residuos de la industria salmoneras los voy a transformar en productos para la construcción, los residuos de la minería los puedo transformar en productos para el agro y empiezas a cruzar fronteras entre industria, los impactos son gigantes y es mucho más fácil y barato. Ahí realmente se ve como la economía circular florece.

¿Cuáles cree que son los desafíos ahora del nuevo gobierno respecto al medio ambiente? ¿Dónde hay que poner el punto?

Yo creo que lo que ha sido muy bueno en la política medioambiental de Chile, es que se ha mantenido una línea bastante parecida en los distintos cambios de gobierno, desde Bachelet uno, Piñera uno, Bachelet dos, Piñera dos. Todos han mantenido una línea siguiendo la ley REP, empujando más o menos por el mismo lado, lógicamente con sus diferencias, pero la ruta ha sido bien parecida, y hemos avanzado. Entonces, me gustaría que se siguiera con la ruta que estamos avanzando, lógicamente con los matices que todos podemos entregar. Además, el tema medioambiental es un tema súper técnico, pero hoy en día está súper politizado también. Entonces, cuando por ejemplo se prohíbe algo y los sustitutos no se tienen o son contaminantes, es difícil y ha pasado por un tema político. Entonces, ¿cómo no politizar el medioambiente? En el mundo que estamos hoy día es difícil llevarlo a la parte técnica. La ministra que tenemos es súper técnica, así que en ese sentido estamos bien tranquilos y esperanzados, pero va a tener que caminar por un camino bien político y va a tener que aprender a manejar la parte técnica y política. Eso va a ser un desafío importante.

Considera que el ejercicio de cargos públicos también desde el activismo, ¿puede afectar un poco la toma de decisiones o también complejizarla?

Sí, yo creo que el activismo está bien, pero el activismo sin fundamento no. Hay muchas cosas que se prohíben y bueno… qué hacemos. Yo siempre pongo el ejemplo de las bolsas plásticas. A mí me encantó lo que pasó con ellas, el tema de conciencia de la gente, cómo la gente se dio cuenta lo que contaminaba día a día con usar la bolsa de supermercado, ocho bolsas para una lata de atún y después para la basura. En la parte de concientización fue tremendo, pero en la parte medioambiental se reemplazó muchas veces por bolsas que son más contaminantes. Todos los estudios internacionales dicen que las bolsas de cartón son entre 12 y 15 veces más contaminantes que una bolsa plástica. Tal vez no hubiese sido prohibirlas, sino que la solución hubiera sido cobrarlas, regularlas, un montón de cosas como se han hecho en otros países. Pero sin dejar de lado que hizo una conciencia muy importante. También hay que ponerse en la balanza. Y bueno, tantas cosas que están ahí en la lista de la prohibición.

A propósito de la Ley Rep, ¿qué espera para este año en cuanto a su aplicación? ¿Cree que ya se implemente como una ley que en el fondo todos conozcamos? Como ciudadanía también tenemos un poco esa responsabilidad.

Creo que la ley REP va a empezar a florecer cuando las empresas empiecen a traccionar demanda de material reciclado, no sólo de plástico, de aluminio, de cartón, de todo y ya está pasando.

Yo te voy a poner el ejemplo de lo que me pasó a mí con Atando Cabos. Cuando nosotros partimos, estaba haciendo 30 o 60 toneladas al mes de cabos y le fui a vender el proyecto a CCU, a contarle la historia que yo le hacía los pallets con material reciclado de la Patagonia y creyeron en mí, fueron la primera empresa que creyó en nosotros y nos puso una orden por 80 mil pallets. Cada uno pesa 23 kilos, eran muchas toneladas, me invirtió la matriz completa. Mi problema pasó de ser “a dónde pongo este pallet, qué hago con él”, a decir “cómo voy a buscar más material a la Patagonia, cómo armo la red”. Me tuve que venir mucho tiempo para acá, armar gente, preparar equipo para poder traccionar toda esa demanda. Entonces, cuando las empresas traccionan demanda, se alinea todo, los recicladores de base, la otra empresa, todo porque genera tracción, se arma el negocio. Al final esto sigue funcionando así y está bien que así sea.

También tiene que ver un poco esto con la empresa, ¿siempre han querido desarrollar procesos más limpios, aprovechar este tipo de cosas o es algo más actual?

Hay de todo. Hay empresas que tienen la sustentabilidad en el ADN, uno se da cuenta. Para mí, por ejemplo, a CCU lo aprendí a conocer con esto, pero después te metes adentro y tienes operaciones completas que son zero waste u operaciones completas que son carbono neutro, con paneles solares, son gigantes. También he tenido muy buena impresión con lo que hace Unilever. También tienen las indicaciones de arriba, desde afuera vienen en el ADN. Hay empresas que hoy día están tratando de aprender y que vienen de atrás, tratando de meterse en esto, porque sus operaciones son muy rígidas. O sea, hay de todo, pero están todos tratando de alguna manera y creo que hoy día los emprendedores tenemos que acercarnos a dar soluciones y escuchar también, porque muchas veces se dice: no, mira, estos contaminan y son unos malvados. Bueno, si uno se acerca tal vez puedes llevarlos por el camino del bien.

O también descubrir de que no eran tan malvados y realmente tenían mecanismos y operaciones más limpias.

Exactamente. Nosotros conversamos mucho con ONG, somos muy cercanos a Plastic Ocean, a Oceana. Soy un plastiquero, yo trabajo en el plástico que yo creo que debe ser de las industrias más cuestionadas del mundo y a través de esta forma de conversar, de colaboración, de la economía circular, de un propósito súper claro, nos hemos transformado. Sigo siendo un orgulloso plastiquero, pero yo me atrevo a conversar con todos, con Oceana, con Plastic Ocean, con todos y con todos podemos encontrar soluciones.

Sí, es interesante eso, cómo te planteas cuando dicen: mira yo amo el plástico, soy fundamentalista del plástico y hay gente que no, que es todo lo contrario. ¿Cómo se da ese encuentro?

El plástico se inventó para mejorar la calidad de vida de la gente y creo que lo ha logrado a través de los años y que hemos sido las mismas personas las que lo botamos por el mundo. Pero también creo que la industria del plástico, donde digo que soy orgulloso miembro, nunca ha hecho el mea culpa y nunca asumió la responsabilidad de enseñarle a la gente cómo se ocupaba nuestro material. Era responsabilidad de nosotros como plastiqueros. Siempre fue producir, producir, producir y ahí veo. Sale de la puerta y el cliente verá que hace con el material. Nosotros siempre fuimos responsables de enseñarle a la comunidad completa cómo se usa nuestro material. Y creo que la industria del plástico está haciendo ese mea culpa y está aprendiendo y hoy está empujando desde el otro lado, desde demostrar cómo se usa, cómo se recicla y cómo nos puede ayudar eternamente. Que no hay que botarlo, que hay que usarlo, reusarlo y que reviva muchas veces. Y cuando uno lo explica desde ese punto de vista y el otro está dispuesto a escuchar también. No es tan difícil llegar a buen término.