por | Ago 2, 2023 | Opinión
Por Margarita Ducci, directora ejecutiva de Pacto Global Chile, ONU.
Para abordar los desafíos y urgencias de la Agenda 2030 y seguir avanzando en el cumplimiento de los ODS, se están implementando diversas iniciativas en Chile y obviamente hay otras por reforzar. Así quedó plasmado en el Tercer Informe Nacional Voluntario sobre el avance en los Objetivos de Desarrollo Sostenible presentado por nuestro país a las Naciones Unidas el pasado 17 de julio, en Nueva York. Pese a que en el mundo ya sabemos que la mayoría de los países no alcanzarán las metas al 2030, y más aún, el retroceso a nivel global alcanza al 4%, en Chile procuramos trabajar mancomunadamente para liderar los crecientes desafíos y hacer frente a los principales problemas en áreas como la salud, la educación y el crecimiento económico.
Este año, los informes estaban especialmente referidos a 5 ODS en examen: ODS6, respecto al acceso al agua y saneamiento; el ODS7, en relación con la energía; el ODS9, de infraestructura e innovación; el ODS11, de ciudades sostenibles; y el ODS17, de alianzas para alcanzar los objetivos. En este sentido, es importante destacar que el informe de Chile, este año, no sólo abarca estos cinco ODS, sino la totalidad, y también, incluye la contribución del sector privado al logro de los objetivos. Para recabar y sistematizar esta información, Pacto Global Chile coordinó este trabajo, haciendo un llamado a 14 gremios, asociaciones y organizaciones, que trabajan activamente en temas de sostenibilidad, con empresas, para, en conjunto, levantar la información de un espectro lo más amplio posible y representativo, con antecedentes cualitativos y cuantitativos, del aporte de las empresas del país, en relación a la Agenda 2030, en Chile.
Mencionando solo algunos datos, respecto del ODS6, se destaca la alta cobertura de acceso al agua potable a nivel nacional y la iniciativa “Transición Hídrica Justa” para abordar la crisis hídrica y mejorar el acceso al agua. Desde las empresas, el 46% mide su huella hídrica. En el ODS7, resalta que el 99% de la población tiene acceso a electricidad, donde se cuantifica la proporción de energías renovables en el consumo final total, con un 21,3% proveniente de fuentes renovables. Se menciona que el 70% de las empresas encuestadas declaran realizar iniciativas relacionadas con el impulso al uso y desarrollo de energías renovables. En el ODS9, un 55% de las empresas declaró inversiones en innovación y modernización de infraestructura.
En cuanto al ODS11, se destaca el trabajo en políticas locales de reducción de riesgo de desastres y la implementación del “Plan de Emergencia Habitacional”. Desde las empresas, un 90% maneja sus residuos, en alguna etapa, de economía circular, lo que contribuye a ciudades más limpias y menos contaminantes. Con respecto al ODS17, destacan las alianzas de mayor impacto, que son en un 59%, con asociaciones gremiales, y en un 56% con la academia.
Sin duda, el sector privado está cumpliendo un rol clave y está consciente de la importancia de unir voluntades. El trabajo colaborativo entre actores y partes interesadas, aprovechando sinergias y compartiendo recursos y conocimientos, se ha ido fortaleciendo institucionalmente, lo que ha permitido mejorar la coordinación entre organismos tanto públicos como privados.
Sin duda, en este “examen”, Chile se ha apreciado internacionalmente como un ejemplo de trabajo multisectorial, y ha sido observado el compromiso genuino, no solo del Estado, sino en especial, del sector privado, con las metas para la construcción de un mundo mejor.
por | Ene 14, 2022 | Opinión
Por Margarita Ducci, directora ejecutiva de Pacto Global Chile, ONU.
Hoy, frente a la grave crisis sanitaria, económica y social a nivel planetario, el agua se torna, ahora más que nunca, imprescindible para combatir la pandemia y sus variantes. Por esta razón, en medio de esta catástrofe, debemos no solo garantizar agua para la vida de los seres humanos y las especies en la tierra, sino también, asegurar que este recurso primordial sea asequible, libre de contaminación y gestionado de forma eficiente y sostenible. Sin duda, son los desafíos más relevantes que plantea la Agenda 2030 de Naciones Unidas, para el ODS6, uno de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible.
Si bien, en el mundo, se ha conseguido progresar ampliando el acceso a agua potable y saneamiento, existen miles de millones de personas que aún carecen de este servicio básico. De hecho, una de cada tres personas no tiene acceso a agua potable salubre y dos de cada cinco personas, no disponen de algo tan necesario como una instalación simple, destinada a lavarse las manos con agua y jabón. A ello se suma el grave impacto del cambio climático en el ciclo del agua, en diversos lugares del planeta, como las mega sequías, las fuertes variaciones de precipitaciones, los cambios en la evaporación y la temperatura del agua, todos con graves consecuencias para los ecosistemas, la biodiversidad, la salud y la subsistencia de cientos de millones de personas.
La escasez de agua afecta a más del 40% de la población mundial y se prevé que este porcentaje aumente. Chile se encuentra en el 18º lugar del ranking mundial de riesgo hídrico según el World Resources Institute, lo que significa que estamos frente a un estrés hídrico de proporciones. Por ello, debemos cuidar hasta la última gota de agua en el uso doméstico, industrial y de riego. Este crítico escenario implica diseñar nuevos mecanismos en materia de gobernanza, regulación y gestión del agua.
Diversos estudios confirman la frágil situación del recurso hídrico en Chile, ya que el 76% de la superficie del país está afectada por sequía, desertificación y suelo degradado (SudAustral Consulting) y la totalidad de los glaciares estudiados, están en retroceso por el aumento de temperatura, según la Dirección General de Aguas. De acuerdo al último balance hídrico realizado precisamente por la DGA, en los últimos 30 años, los caudales de agua superficial en cuencas de la zona central del país, han disminuido entre 13% y 37% y de acuerdo a las proyecciones de los expertos, a más largo plazo, se prevé una baja de precipitaciones que indica una reducción que podría llegar al 50% para los años 2030 al 2060, en algunas zonas del país.
Debemos con urgencia y en conjunto, desarrollar técnicas sostenibles que conlleven a preservar, proteger, reducir, mantener y ahorrar el agua para las futuras generaciones. El enorme desafío consiste en dar prioridad a la búsqueda de soluciones alternativas reales y al alcance de todos, para que haya suficiente agua para nuestras necesidades, mejorando la planificación y la eficiente gestión, de la ya reducida fuente natural.
Es fundamental crear sinergias entre el mundo público y privado, más aún cuando el objetivo sobre cómo garantizar y gestionar el agua, que antes dábamos por hecho, cuando el recurso no era escaso, aparece ahora, como un tema prioritario, para ser establecido en la nueva Constitución.
El llamado en Chile es urgente y un deber moral, donde todos debemos hacernos responsables. Este estrés hídrico, no solo impide la sostenibilidad de los recursos naturales, sino que obstaculiza el desarrollo económico y social, y tiende a afectar desproporcionadamente a las personas más vulnerables. De aquí al 2030, debemos impulsar y ampliar la cooperación para el fortalecimiento de capacidades en actividades y programas relativos al agua y el saneamiento, como los de captación de agua, desalinización, uso eficiente de los recursos hídricos, tratamiento de aguas residuales, reciclado y tecnologías de reutilización. Si no lo hacemos hoy, mañana será demasiado tarde.