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El clima deportivo

Por Gonzalo Muñoz, presidente de TriCiclos, Manuia y Climate Champion COP25.

Siempre me han fascinado los deportes. En mi vida logré practicar y disfrutar muchas disciplinas, participé de fabulosos equipos, muchos de mis valores tienen la raíz en el deporte, mantengo grandes amistades que se generaron en ese contexto, he podido asistir a muchos estadios, grandes competiciones, me he emocionado con historias, fui jugador, entrenador e incluso árbitro. Y si bien me mueve la competitividad, más me motiva el sentido de equipo y la nobleza de la disputa cuando ocurre con altura de miras, con respeto a las reglas del juego, entrega hasta el límite y enaltecimiento del contrincante. 

Hay tanto que rescatar del espíritu deportivo y tanto que mejorar sobre la forma como hoy en día se comportan algunos deportistas, directivos e hinchas, particularmente en el fútbol masculino, que resulta ser el espejo en que se mira un gran porcentaje de nuestra sociedad. ¿Qué y cuándo se pudrió ese espacio de lo que debió ser una expresión de lo mejor de nuestra sociedad? La actividad deportiva debería ser siempre expresión de salud, reglas claras, compañerismo, alegría, comunidad y celebración. Incluso en la derrota se deben encontrar razones para celebrar. Pero hoy vemos violencia irracional descontrolada que incluso va más allá del estadio en el día del partido.

Y dada la tremenda influencia que tienen los deportes en la cultura de nuestra sociedad, vale la pena no sólo hacer esfuerzos adicionales en revertir la degradación que se observa hoy en día, sino también usar ese potencial de influencia a favor de la sociedad que queremos construir. Sin duda requiere coraje, pero vale la pena. Ya hemos vivido notables ejemplos a nivel global de que es posible: el fin del apartheid en Sudáfrica utilizando el rugby -deporte de supuestos enemigos- como la forma de tender puentes entre dos culturas; o los violentos aficionados al fútbol de fines del siglo pasado en Inglaterra. También hemos visto ejemplos fascinantes en nuestro país como lo ocurrido en los últimos años con el fútbol femenino, el rugby o el hockey césped que se han tornado en fenómenos masivos de los cuales estar orgullosos en cuanto a su capacidad de resaltar virtudes colectivas.

¿Cómo inspirarnos en casos como esos para que el fútbol masculino y todos los demás deportes sean el fiel reflejo de una sociedad saludable, de respeto y cuidado? Me parece que la gran mayoría de nuestra sociedad querría recorrer ese camino. Reconociendo que estamos lejos, pero mientras antes empecemos, serán menores los daños que lamentar. Y como ocurre también en muchos deportes, más importante que el estado en que estás cuando das el primer paso, es avanzar en la dirección correcta y con la determinación de dar los siguientes. No hay que temerle a la imperfección. Nada nace perfecto, y rara vez podremos sostener que algo logró la perfección. Se trata más bien de una ruta constante de mejora continua, como tantas cosas en la vida.

Sueño con que resolvamos el mal clima en los deportes, hasta llegar al punto en que todos los clubes sean parte del programa Sports for Climate Action de la ONU, con una estrategia de acción climática alineada con la ciencia, y en que cada figura deportiva use su capacidad de influencia para transmitir un mensaje alineado con los objetivos de desarrollo sustentable. No lo veo imposible. Se necesita coraje. O como se diría en el estadio, ¡va a haber que ponerle huevos!